En las últimas semanas el enfoque con que los mass media han tratado las noticias relacionadas con las huelgas generales de España y Francia se ha caracterizado por una hostilidad implícita hacia las movilizaciones. Este sesgo informativa se ha construido, en la mayoría de los casos, sobre dos pilares: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes no secundan el paro.
En el caso del 29S en España, unos incidentes violentos que tuvieron lugar en el centro Barcelona coparon los titulares de la prensa estatal en los días posteriores a la movilización. Con ello, los mass media convirtieron lo anecdótico en argumento principal de sus boletines y regalaron el papel de protagonista de la huelga a la minoría que participó en los altercados. Dió igual que el seguimiento de la jornada de paro fuese superior al que muchos pensaban, que a las distintas manifestaciones que discurrieron pacíficamente por las calles de las principales ciudades del Estado acudiesen más de un millón de personas, o que en muchas de esas manifestaciones se escuchasen voces críticas con la política pactista de los sindicatos mayoritarios. Nada interesaba más que el coche quemado y las barricadas de contenedores en las calles…
Mediante esta disfunción informativa los medios no sólo desviaron la atención de lo sustancial de la noticia, sino que identificaron el todo con la parte y, con ello, inauguraron una polémica interesada sobre la supuesta violencia de los huelguistas. Pero no se quedaron ahi. El siguiente paso fue bautizar a quienes habían tomado parte de los disturbios como “antisistema”, para comenzar entonces una caza de brujas mediática a todo lo que oliese al susodicho apelativo. Esta manía persecutoria acabó trascendiendo del ámbito de la prensa y, hace pocos días, la tercera teniente de alcalde de Barcelona, Assumpta Escarp, llegó a plantear la posibilidad de solicitar a la Fiscalía el cierre de webs que ofrezcan información sobre cómo organizar actos “antisistema” (señalando al portal de contrainformación Kaosenlared.org).
Por otro lado, los mass media están poniendo el foco informativo sobre cómo afecta la huelga a aquellas personas que han decidido no secundar el paro. Así, se presenta al esquirol como un sufrido ciudadano que, bien quiere ejercer su derecho al trabajo (¿?) y no puede porque la huelga del transporte le impide llegar a su destino, bien quiere llenar el depósito de su coche y pierde tiempo por las largas colas que se organizan en las gasolineras…
Vamos, que la huelga es una molestia y los huelguistas unos pelmazos coactivos que ponen palos en las ruedas del carro de quienes, libremente, deciden seguir con su rutina (llevar los niños al cole, ir al trabajo, salir de compras, etc.) en día de huelga. Por supuesto, ni se menta que son los huelguistas (que, ni mucho menos, son todos liberados sindicales) quienes están sacrificando un día de sueldo en pos de conservar los derechos de todos, ni tampoco que si la presión social de la movilización consigue que el gobierno se eche atrás en sus reformas, los esquiroles también se beneficiarán del logro aunque no hayan movido un dedo para que se haga posible.
La indignación por estas malas prácticas informativas está más justificada, si cabe, si atendemos a la circunstancia de que los medios de comunicación públicos han participado activamente de la treta. Eso sí, esta vez han sido más sutiles que el 20J de 2002: no han silenciado el seguimiento del paro, pero han tratado de deslegitimar la huelga criminalizando a los huelguistas y compadeciendose de los esquiroles. Después de ocho años, pues, han cambiado las caras y las formas, pero en lo esencial, seguimos igual: sufriendo la manipulación informativa en días de huelga.
Dejo aquí un par de ejemplos que ilustran las tesis de mi post.
El primero de ellos se corresponde con una entrevista al profesor Francisco Fernández Buey en el programa ‘Asunto del día’ de Radio 5. El título del corte, ‘Los antisistemas son una minoría’, nos da una pista sobre lo que encontraremos si lo escuchamos: el periodista reinterpreta varias de las respuestas de FFB e intenta desvirtuar el sentido de las mismas. Como no podía ser de otra manera, el profesor termina poniendo las cosas en su sitio.
El segundo ejemplo es el vídeo de una noticia que trata la huelga general de Francia y que se construye sobre los dos pilares que he comentado en el post: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes optan por seguir con su rutina pese a la convocatoria de paro.
Desgraciadament, la vaga general del passat vint-i-nou de setembre no ha fet que el Govern es replantege la seua postura sobre la reforma laboral. De moment, tant en Zapatero com na Salgado tan sols han dit que el diàleg amb els sindicats està obert per negociar alguns aspectes de la futura reforma de pensions, però en cap cas es plantegen la revisió del text del decret que ha motivat la mobilització general.

