Hace ya casi un par de años aproveché que mi compañera cursaba la asignatura Ética y Filosofía Política A en la Universitat Pompeu Fabra para colarme en una de las clases que impartía Francisco Fernández Buey. Casualmente, en aquella sesión vespertina el filósofo trató la que es una de sus especialidades y una de mis mayores inquietudes: la cuestión ecológica y la sostenibilidad.
Como era de esperar, aquellas dos horas dieron mucho de sí. Los temas que se trataron y la metodología docente me cautivaron, de tal forma que salí de la facultad convencido de que iba a volver. Casi año después, pedí a Fernández Buey que me dejase seguir sus clases como oyente y, con su visto bueno, acabé asistiendo a casi todas las sesiones del curso.
En los meses que pasaron entre aquella tarde de asistencia clandestina y las tardes del curso siguiente en las que fui más escuchante que oyente, los apuntes de la sesión de sostenibilidad fueron una guía que me permitió profundizar en aspectos concretos de la ecología política. Fue así como tomé contacto con las teorías bioeconómicas de Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994).
Este economista rumano planteó una ruptura con el paradigma mecanicista que regía (y rige) la ciencia económica al extrapolar la segunda ley de la termodinámica y el concepto de entropía al análisis económico. Según Georgescu-Roegen “el proceso económico tiene una evolución unidireccional irrevocable” según la cual “en términos de entropía, el coste de cualquier empresa biológica o económica siempre es mayor que el producto obtenido”. Cualquier actividad humana productiva tiene como consecuencia un incremento de la entropía. Así, aunque a la hora de refinar un mineral se obtenga una pieza metálica de menor entropía que el propio mineral, el refinamiento “provoca un incremento de entropía en el entorno mayor que la reducción de entropía ocurrida en el metal”.
La idea de la degradación material y energética permanente intensificada por la actividad productiva del Hombre llevó al economista rumano a plantear una crítica abierta a la idea de desarrollo económico. Este punto de vista crítico con el paradigma de la sociedad moderna constituye la base sobre la que hoy se asienta la teoría del decrecimiento, a la que prometo referirme en próximos posts.
Hay un par de libros editados en castellano (había un tercero: La ley de la entropía y el proceso económico. Madrid: Visor, 1996, pero está descatalogado) que recogen buena parte del pensamiento de Georgescu-Roegen: La Bioeconomía de Georgescu-Roegen, de Óscar Carpintero (Mataró: Montesinos, 2006) y Ensayos Bioeconómicos (ed. Óscar Carpintero, Madrid: Los libros de la catarata, 2007). De momento sólo puedo recomendaros el segundo de ellos, ya que el otro aún no lo he leído. En Ensayos Bioeconómicos encontraréis siete escritos del economista rumano con los que os podréis hacer una idea bastante completa de sus aportaciones a la teoría económica.

