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Frente a la crisis, la izquierda se mueve

Si el significado original de la palabra crisis es cambio, se podría decir que, en el plano político-económico, el cambio que vivimos sólo conoce un sentido: la derecha. Desde el crack de 2008 hasta hoy, ha dado igual el color polítco del partido en los gobiernos de los estados y regiones de Europa. Todos se han plegado ante las directrices del Fondo Monetario Internacional y han aplicado las mismas políticas de recortes sociales. En este contexto, la izquierda social ha intentado plantar cara a esta ofensiva capitalista con desigual fuerza dependiendo del país, aunque en ningún caso ha conseguido frenar las medidas que desde el poder se vendían como ineludibles.

En el caso del Estado Español, el hecho de que el partido del Gobierno fuese nominalmente de izquierdas ha retraido a las cúpulas de los sindicatos mayoritarios a la hora de optar por una estrategia de movilizaciones frente a las reformas laboral y del sistema de pensiones. Temían que este planteamiento pudiese desgastar al Gobierno de Zapatero y, con ello, allanar el camino para la vuelta al poder de la derecha sin complejos, el PP. Esta circunstancia, junto con la anemia que padecen los partidos políticos y movimientos de base a la izquierda del PSOE, ha propiciado que en la calle no se percibiese en ningún momento una tensión social generalizada. Ni siquiera en vísperas del 29S, cuando eso que los más viejos llaman “ambiente de huelga” sólo se respiraba en círculos reducidos de militantes hiperconcienciados. Así, articular e impulsar respuestas sociales a la crisis ha sido y está siendo imposible. Y la derecha está ganando la batalla.

Pero a pesar de lo negro que pueda parecer el panorama, hay algún motivo para la esperanza. El principal, por ser buen punto de partida, es que la masa crítica que empieza a ser consciente de la propia crisis de la izquierda está creciendo en todos los partidos y movimientos con vocación transformadora. Cada vez más militantes y activistas huyen de análisis autocomplacientes y sectarios y se cuestionan si el marco organizativo en el que desarrollan su actividad política es mejorable, si quizá sería interesante buscar el entendimiento con otros para llevar a cabo tal o cual acción o campaña y así tejer redes sociales más amplias…

Este proceso de reflexión abierto en el seno de la izquierda está dando lugar a la creación de espacios de debate más o menos abiertos en los que se llama a la confluencia de gentes de distintos colectivos y simpatizantes no organizados. El objetivo es poner en común experiencias y propuestas e intentar llegar a acuerdos de mínimos para articular propuestas políticas unitarias. Así, gentes del entorno de Izquierda Unida han impulsado las llamadas Mesas de Convergencia, que pretenden reformular el proyecto frustado de Refundación para relanzar un proceso de debate entre las bases sociales de la izquierda. Como decía Hugo Martínez Abarca, la idea es la de convocar algo así como los Estados Generales de la izquierda. De momento, el pasado sábado se celebró una primera asamblea en Madrid que contó con la asistencia de más de un millar de personas. Falta ver ahora si la propuesta cuenta con la fuerza y la organización suficientes como para materializarse y tener continuidad en otras ciudades más pequeñas del Estado.

Otra de las propuestas de confluencia que más expectación levanta es Proyecto Equo. Encabezado por el ex director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, Equo nace con el propósito de crear un partido verde de ámbito estatal que en 2012 esté en condiciones de presentarse a las elecciones generales y obtener representación parlamentaria. Pero antes de llegar a la cita con las urnas, uno de los retos más importantes que ha de afrontar este nuevo ente es la de convencer a los distintos partidos y organizaciones verdes ya existentes de que se sumen al proyecto. Se prevee que Coordinadora Verde (que agrupa a gentes de base de distintos partidos verdes del Estado) y algunas organizaciones que forman parte de Espacio Plural (plataforma de partidos verdes y nacionalistas encabezados por Iniciativa per Catalunya) se acaben incorporando. No obstantante, a día de hoy, el proyecto todavía navega en un mar de dudas e inconcreciones que impiden que se pueda considerar a Equo como una alternativa seria.

Por otro lado, resulta muy interesante echar un vistazo a los debates y las alianzas que se están produciendo en el seno de la izquierda radical catalana. Uno de estos movimientos se ha concretado en Des de Baix, una coalición formada con ocasión de las elecciones al Parlament de Catalunya de 2010 y que está integrada por Revolta Global – Esquerra Anticapitalista, Corrent Roig, Lluita Internacionalista y algunos independientes. Así, pese a que los resultados en los comicios catalanes fueron discretos, la experiencia unitaria fue valorada positivamente y se decidió en asamblea dar continuidad al proyecto por considerarlo un buen marco para el trabajo común. En estas circunstancias, y ante la proximidad de las elecciones municipales, el debate se plantea en torno a la posible alianza de Des de baix con la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) en Barcelona ciudad (para quien no esté al tanto, la CUP es un partido político asambleario que aglutina a buena parte de la izquierda independentista catalana y que desarrolla su acción política a nivel municipal en Catalunya y País Valencià). De momento no hay nada confirmado, pero de producirse un acuerdo se estaría alumbrando una experiencia política muy interesante por ser integradora de las distintas ramas de la izquierda alternativa barcelonesa.

Por último, es preciso hacer referencia al proceso que ha llevado a la izquierda abertzale a replantear su estrategia política, condenar la violencia de ETA, sumar nuevos militantes y crear el partido Sortu. Se trata de un decisión unilateral muy importante para la normalización de la vida política en Euskadi. Este paso adelante en el camino hacia la paz ha tenido una buena acogida entre distintas organizaciones nacionalistas y de izquierdas de Euskadi (Eusko Alkartasuna, Aralar, Ezker Batua, Alternatiba y Antikapitalistak), las únicas que están demostrando estar a la altura de las circunstancias. Ahora que la Fiscalía General del Estado ha presentado al Tribunal Supremo una petición de de ilegalización de Sortu, el apoyo de la izquierda a quienes han decidido dejar atrás la connivencia con la lucha armada como medio para hacer política es crucial. No hay vuelta atrás.

La izquierda, pues, no está tan muerta como se podría pensar. Está debil, sí. Quizá demasiado. Pero aun así no para de moverse, de replantearse cosas que hasta ahora daba por sentadas, de encontrarse para dialogar, para discutir, para proponer. Falta que estos proyectos que ahora surgen como diferentes polos de la izquierda se consoliden cada uno en su ámbito y que, a medio plazo, alcancen la madurez suficiente como para dialogar también entre sí con respeto. Sólo de esta manera, sin prejuicios y con trabajo y voluntad de cooperación, la izquierda podrá ofrecer propuestas políticas sólidas frente a la ofensiva de la derecha.

Huelgas y medios

En las últimas semanas el enfoque con que los mass media han tratado las noticias relacionadas con las huelgas generales de España y Francia se ha caracterizado por una hostilidad implícita hacia las movilizaciones. Este sesgo informativa se ha construido, en la mayoría de los casos, sobre dos pilares: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes no secundan el paro.

En el caso del 29S en España, unos incidentes violentos que tuvieron lugar en el centro Barcelona coparon los titulares de la prensa estatal en los días posteriores a la movilización.  Con ello, los mass media convirtieron lo anecdótico en argumento principal de sus boletines y regalaron el papel de protagonista de la huelga a la minoría que participó en los altercados. Dió igual que el seguimiento de la jornada de paro fuese superior al que muchos pensaban, que a las distintas manifestaciones que discurrieron pacíficamente por las calles de las principales ciudades del Estado acudiesen más de un millón de personas, o que en muchas de esas manifestaciones se escuchasen voces críticas con la política pactista de los sindicatos mayoritarios. Nada interesaba más que el coche quemado y las barricadas de contenedores en las calles…

Mediante esta disfunción informativa los medios no sólo desviaron la atención de lo sustancial de la noticia, sino que identificaron el todo con la parte y, con ello, inauguraron una polémica interesada sobre la supuesta violencia de los huelguistas. Pero no se quedaron ahi. El siguiente paso fue bautizar a quienes habían tomado parte de los disturbios como “antisistema”, para comenzar entonces una caza de brujas mediática a todo lo que oliese al susodicho apelativo. Esta manía persecutoria acabó trascendiendo del ámbito de la prensa y, hace pocos días, la tercera teniente de alcalde de Barcelona, Assumpta Escarp, llegó a plantear la posibilidad de solicitar a la Fiscalía el cierre de webs que ofrezcan información sobre cómo organizar actos “antisistema” (señalando al portal de contrainformación Kaosenlared.org).

Por otro lado, los mass media están poniendo el foco informativo sobre cómo afecta la huelga a aquellas personas que han decidido no secundar el paro. Así, se presenta al esquirol como un sufrido ciudadano que, bien quiere ejercer su derecho al trabajo (¿?) y no puede porque la huelga del transporte le impide llegar a su destino, bien quiere llenar el depósito de su coche y pierde tiempo por las largas colas que se organizan en las gasolineras…

Vamos, que la huelga es una molestia y los huelguistas unos pelmazos coactivos que ponen palos en las ruedas del carro de quienes, libremente, deciden seguir con su rutina (llevar los niños al cole, ir al trabajo, salir de compras, etc.) en día de huelga. Por supuesto, ni se menta que son los huelguistas (que, ni mucho menos, son todos liberados sindicales) quienes están sacrificando un día de sueldo en pos de conservar los derechos de todos, ni tampoco que si la presión social de la movilización consigue que el gobierno se eche atrás  en sus reformas, los esquiroles también se beneficiarán del logro aunque no hayan movido un dedo para que se haga posible.

La indignación por estas malas prácticas informativas está más justificada, si cabe,  si atendemos a la circunstancia de que los medios de comunicación públicos han participado activamente de la treta. Eso sí, esta vez han sido más sutiles que el 20J de 2002: no han silenciado el seguimiento del paro, pero han tratado de deslegitimar la huelga criminalizando a los huelguistas y compadeciendose de los esquiroles. Después de ocho años, pues,  han cambiado las caras y las formas, pero en lo esencial, seguimos igual: sufriendo la manipulación informativa en días de huelga.

Dejo aquí un par de ejemplos que ilustran las tesis de mi post.

El primero de ellos se corresponde con una entrevista al profesor Francisco Fernández Buey en el programa ‘Asunto del día’ de Radio 5. El título del corte, ‘Los antisistemas son una minoría’, nos da una pista sobre lo que encontraremos si lo escuchamos: el periodista reinterpreta varias de las respuestas de FFB e intenta desvirtuar el sentido de las mismas. Como no podía ser de otra manera, el profesor termina poniendo las cosas en su sitio.


El segundo ejemplo es el vídeo de una noticia que trata la huelga general de Francia y que se construye sobre los dos pilares que he comentado en el post: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes optan por seguir con su rutina pese a la convocatoria de paro.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101019/francia-vive-su-novena-jornada-huelga-contra-retraso-edad-jubilacion/906531.shtml

I després de la vaga, què?

Desgraciadament, la vaga general del passat vint-i-nou de setembre no ha fet que el Govern es replantege la seua postura sobre la reforma laboral. De moment, tant en Zapatero com na Salgado tan sols han dit que el diàleg amb els sindicats està obert per negociar alguns aspectes de la futura reforma de pensions, però en cap cas es plantegen la revisió del text del decret que ha motivat la mobilització general.

Segurament, si el seguiment de la vaga haguera sigut massiu, la postura actual del Govern seria molt més flexible. Per tant, el que hem de preguntar-nos ara és què s’ha fet malament per a que hi haja hagut molta gent que no ha donat suport a la convocatòria dels sindicats i què s’ha de fer d’ara endavant perquè això no es torne a repetir.

En primer lloc, crec que els sindicats majoritaris han d’escoltar el missatge de molta gent que encara que va fer vaga i va anar a les manifestacions, va a aprofitar l’ocasió per criticar la passivitat i la connivència de les direccions de CCOO i UGT davant de les polítiques de dretes d’en Zapatero.

En segon lloc, crec que s’ha d’aprofitar la inèrcia de la vaga per continuar amb una estratègia de mobilitzacions que faça pujar la tensió social de cara a les pròximes reformes que té previst posar en marxa el Govern.

En definitiva, crec que no hem aconseguit aturar la reforma perquè encara som dèbils. Per tant, hem de centrar-nos en acumular forces per fer front a les noves retallades socials que s’apropen.