Mi foto, el CO2 y reflexiones anexas
11 Marzo, 2008El pasado martes 26 de febrero Activa Orihuela publicó en la página veinticuatro un artículo de opinión firmado por el presidente de la Asociación de Vecinos de La Murada (ASOJOVEN), Alfredo Sigüenza Riquelme. El artículo era una carta abierta a la alcaldesa de Orihuela en la que se preguntaba por la posición del Ayuntamiento respecto a la reciente noticia de la aprobación de reservas de subsuelo por parte del Ministerio de Industria para la creación de once depósitos subterráneos de CO2 en España, uno de los cuales estaría emplazado en La Murada.
Muchos de mis allegados se sorprendieron al echar una ojeada a la página veinticuatro y ver que junto a este artículo de Alfredo Sigüenza aparecía una foto del que les habla. Tras leer el titular que encabezaba el texto, “A la Ilma. Sra. Alcaldesa- presidenta del Excmo. Ayuntamiento de Orihuela”, desde mi madre al peor de mis enemigos (no sé si tengo alguno) entendieron que, por mi vena jacobina, era imposible que yo hiciese referencia a un cargo institucional con tanto adjetivo superlativo. Los que me conocen saben que no hago distingos en el trato a las personas, ocupen el puesto que ocupen. La inclusión de mi foto debía ser, pues, un error de maquetación del periódico.
Como el asunto de los depósitos de CO2 afecta directamente a mi tierra, la Vega Baja, y tiene que ver con una de mis mayores preocupaciones, el deterioro medioambiental, le propuse a la directora de Activa Orihuela que accediese a la publicación de este artículo en que explicaría mi punto de vista.
En los últimos tiempos los evidentes efectos del cambio climático están forzando a mover ficha a los partidos diestros y siniestros en todos los países desarrollados. La causa verde se ha convertido en un comodín lo suficientemente maleable como para que todos quieran jugarlo. Pura mercadotécnia en la mayoría de los casos, créanme. Miren si no el negocio personal del premio Nobel Al Gore: ofrece conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre los peligros del cambio climático por el módico precio de 200000€. A la postre, se desplaza en avión privado.
La postura predominante entre los gobernantes de los Estados desarrollados es la de que el crecimiento económico, a través de los avances científicos, dará la solución a los problemas medioambientales. Es el paradigma del desarrollo sostenible. En este línea, el Gobierno de Zapatero ha propuesto la creación de depósitos subterráneos para almacenar el CO2, una técnica de vanguardia con la que se pretenden reducir las emisiones a la atmósfera de este gas en un 25%.
Aunque a bote pronto pueda parecer que los depósitos subterráneos pueden ser un remedio efectivo al crecimiento de las emisiones de CO2, desde la perspectiva de la sostenibilidad, cabe plantearse dos cuestiones. La primera tiene que ver con los riesgos de posibles filtraciones que, a largo plazo, podrían contaminar los ya maltrechos acuíferos subterráneos y, a corto plazo, podrían poner en riesgo vidas humanas en caso de un escape masivo. La segunda consideración está relacionada con los límites de capacidad de estos contenedores (se habla de que yacimientos de gas, yacimientos de petróleo y minas serían los mejores depósitos) así como con los límites que impone el planeta Tierra al mantenimiento a medio plazo del actual modelo de producción y consumo de energía.
La apuesta del Gobierno de España por esos contenedores, lejos de plantear la reducción de la producción de CO2, da continuidad a un modelo que en 2007 nos ha alejado de los objetivos del Protocolo de Kioto al haberse incrementado las emisiones de CO2 en un 3% respecto al año anterior. Es el modelo del crecimiento económico fundamentado incremento de la factura energética que se nutre de las térmicas y de los hidrocarburos. En definitiva, se trata de una huída hacia adelante que elude de forma irresponsable un cambio de política necesario que debe abordar, en primer lugar, una notable reducción del consumo energético, y en segundo, la implantación real de energías renovables como la solar fotovoltaica.
Para el caso de Orihuela y la Vega Baja se me ocurren varias medidas que, si las distintas Administraciones competentes pusieran en marcha, contribuirían humildemente a mejorar la eficiencia energética y a combatir el cambio climático: la electrificación de la línea de cercanías Alicante-Murcia, la creación de una red de transporte público, la instalación de paneles solares en las azoteas de todos los edificios públicos, la reducción de la franja horaria en la que permanece encendido el alumbrado de fiesta en Navidad y en Moros y Cristianos, y una moratoria en la destrucción de los bosques de Sierra Escalona (recuerden que los árboles, por medio de la fotosíntesis, retienen CO2 y expulsan oxígeno a la atmósfera) con la paralización del PAU 21 y otros proyectos urbanísticos similares. Creo que nada de lo que propongo es revolucionario. Todo se andará…
En cualquier caso, mientras que el Gobierno de España, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Orihuela sigan sin tomarse en serio el asunto de la insostenibilidad de nuestro modelo económico-energético, quiero hacer saber, tanto a Alfredo Sigüenza como al resto de oriolanos críticos de forma consecuente con el proyecto de los depósitos de CO2, que cuenten conmigo como un vecino más en contra de esta medida que propone el Ministerio de Industria.

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Este artículo fue publicado en Activa Orihuela el martes 4 de marzo de 2008.
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