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Fútbol, Athletic, Bielsa

Como muchos de los lectores sabrán, el autor de este blog es aficionado al fútbol y seguidor del Athletic Club. Soy todo un sufridor, pues no sólo simpatizo con un club que ha ganado poco en los últimos años, sino que además, como entusiasta racional del juego, me toca aguantar las frecuentes rabietas de forofos miopes que no alcanzan a ver más allá de los colores de su equipo.

No obstante, esta temporada estoy de enhorabuena con mi equipo. En primer lugar, por los resultados, pues el Athletic ha alcanzado las finales de la Copa del Rey y de la Europa League y en liga está peleando por los puestos que dan acceso a jugar competición europea. Y en segundo lugar, por la actitud de un equipo que siempre sale a ganar con una estrategia fundamentada en la construcción asociativa del juego, las líneas de presión adelantadas y el pundonor.

Uno de los principales responsables de las alegrías que está dando el Athletic a su afición es, sin duda alguna, el entrenador, Marcelo Bielsa. Este rosarino al que apodan el loco ha sabido recoger el buen legado que dejó Joaquín Caparrós en sus cuatro años como entrenador rojiblanco y ha introducido una serie de variantes que han acabado aportando un plus de competitividad al equipo. Entre estas novedades, yo destacaría tres: el trabajo para el incremento de la polivalencia posicional de cada uno de los jugadores, la flexibilidad del dibujo táctico del equipo en función de las circunstancias del juego y la adopción de una mentalidad ganadora por parte del grupo.

Pese a estar contínuamente expuesto a los focos, Marcelo Bielsa es un personaje enigmático. No concede entrevistas más allá de las ruedas de prensa y acostumbra a divulgar su visión del fútbol ofreciendo conferencias. Le gusta explicarse y cuando cree que se ha equivocado en un planteamiento durante un partido, lo reconoce y asume su responsabilidad. Su jugadores dicen de él que es obsesivo y concienzudo en el trabajo trabajo. De ahí el sobrenombre de el loco.

Todos estos elementos, los futbolísticos y los personales, convierten a Bielsa en alguien muy atractivo para jugadores, prensa y afición. Y consciente de ello, el equipo del programa de televisión “Informe Robinson” ha dedicado un programa al rosarino. En él se explora la trayectoria de este personaje atípico por medio de testimonios de gentes que han coincidido con él durante alguna etapa de su vida. Les recomiendo que le echen un vistazo, pues merece la pena.

A los verdaderps freaks del fútbol, les recomiendo que vean alguno de estos vídeos que registran conferencias de Marcelo Bielsa.

Ojalá Bielsa y los chicos de la plantilla del Athletic sigan dando muchas alegrías a la afición de San Mamés.

El fútbol es así. Reflexiones sobre fútbol y justicia poética

No hay partido de fútbol tras el que no se plantee si el marcador final ha sido justo o injusto. Cuando el periodista se olvida de lanzar la pregunta, ya la contesta directamente el jugador, el entrenador o quien pase por delante del micrófono. Al igual que la valoración de la actuación del árbitro, de los jugadores o del entrenador, la evaluación del grado de justicia del tanteo ha pasado a formar parte del ritual de cada postpartido. No obstante, de un tiempo a esta parte, ando planteándome si tiene sentido hablar de justicia en estas circunstancias.

Entiendo que el fútbol es un juego complejo en cuyo desarrollo intervienen múltiples factores. Entre ellos, uno de los más importantes, como en todo juego, es el azar. Y aunque la habilidad para la práctica de este y otros deportes consista, precisamente, en reducir al mínimo la influencia de lo incontrolable, el azar siempre está presente. Y no me refiero sólo a eventualidades relacionadas con la física, como puede ser un bote extraño de la pelota. También interviene en la toma de decisiones del entrenador, en las del árbitro, y por supuesto y sobre todo, en las del futbolista, que es quien juega.

Si a lo anterior se añade la circunstancia de que el hombre –y como tal, el jugador de fútbol– tiene la facultad de cambiar de opinión unas catorce veces cada tres décimas de segundo, la elección de un futbolista en un momento dado, aunque esté sujeta a cierto criterio y no sólo al azar, es impredecible. De este modo, como diría el periodista argentino Dante Panzeri, el fútbol no es sino dinámica de lo impensado, un arte del imprevisto.

Por otro lado, la finalidad de un juego siempre es entretener, divertir a quien lo practica o lo mira. Cuando el juego es competición, el objetivo último es ganar al adversario. En el caso del fútbol, los medios para conseguir estos propósitos están delimitados por un reglamento que, como se pueden imaginar, no vincula ni la diversión ni la victoria con el uso de determinadas tácticas o estrategias. Se puede jugar en largo o en corto, con un juego asociativo o más dependiente de las individualidades…cada cual se entretiene más con un tipo de juego que con otro, pero quien quiera ganar tendrá marcar más goles que el rival.

Llegado este punto, si el fútbol está determinado por el azar, es imprevisible, puede divertir/entretener siendo jugado de muchas formas distintas pero sólo se consigue la victoria marcando más goles que el contrario, ¿qué sentido tiene cuestionar la justicia de un marcador final?

Después de darle muchas vueltas, creo que he encontrado una respuesta que, sin convencerme, podría explicar la mentada recurrencia a la cuestión sobre la justicia del marcador. Así pues, un buen punto de partida es tener en cuenta la dimensión que ha adquirido el fútbol como espectáculo. Atendiendo a esta consideración, cada partido sería interpretado por el espectador/jugador como un relato cuyo devenir debería responder a ciertas convenciones narrativas. De este modo, el desenlace del encuentro que se concreta en el resultado final habría de cumplir con la justicia poética: debe ganar quien ha jugado “mejor” (porque ha creado más ocasiones de gol, porque ha gozado de mayor posesión de pelota, porque ha empleado tal o cual estrategia que entusiasma a quien hace el juicio etc.).

Pero, maldita sea, no me convenzo ni a mí mismo…

Que nadie me malinterprete. Yo también pienso que la estrategia más eficaz para conseguir la victoria es la que se fundamenta en el dominio la pelota y en la asunción de la iniciativa en el ataque. Y puede que sea la más bonita o la más divertida, eso ya es subjetivo. Pero el fútbol, aunque sea espectáculo, no es literatura. Es un juego y en gran medida su atractivo reside, precisamente, en la independencia del resultado con respecto a la justicia poética.

El fútbol es así.

Notas sobre un poeta futbolero: Miguel Hernández, “El barbacha”

A finales de los años veinte, un grupo de muchachos de la oriolana Calle de Arriba formó un equipo de fútbol al que uno de sus jugadores bautizó como La Repartiora. Ese chico era, por aquel entonces, un pastor aficionado a las letras que comenzaba a escribir sus primeros versos en una libreta de rayas. Se llamaba Miguel Hernández.

Según el testimonio de otro de los componentes de La Repartiora,Vicente Sarabia, Paná, «a Miguel le gustaba mucho jugar al fútbol, y como allí nos poníamos nombres, pues a él le llamábamos “El barbacha”, porque jugaba bien y era fuerte, pero lo hacía algo lento, y como hay por estos terrenos caracoles que los llaman “barbachas”, por eso» (Collado, 1993, p.35).

Sobre el origen del nombre del equipo de La Repartiora hay dos versiones. Una de ellas es del propio Paná, quien cuenta que el nombre surgió porque «allí lo repartíamos todo», de manera que «el que podía llevar algo de comer o de beber, pues era para repartirlo». En cambio, Ramón Pérez Álvarez señala que el nombre es realmente un sarcasmo político dedicado a la derecha oriolana. En este sentido, Pérez Álvarez afirma que «en Orihuela los pobres ironizaban a costa de las derechas, pues según éstas, si venía el comunismo, todo sería repartido, bicicleta, vacas, cerdos, huertos e incluso las mujeres…» (Pérez, 1984). Sea como fuere, ambas versiones enraízan en la humilde condición social de los jugadores de La Repartiora.

Equipo de La repartiora. Miguel Hernández es el segundo de la derecha, en la primera fila

Equipo de La Repartiora. Miguel Hernández es el segundo de la derecha, en la primera fila

Miguel, como secretario del equipo y poeta incipiente, se encargó de escribir el “Himno a la Repartiora”. La letra, que se cantaba sobre la música del pasodoble popularmente conocido como “Por la calle de Alcalá”, decía así:

Vencedora surgirá,
porque lo ha mandado el “Pá”,
la terrible y colosal Repartiora.
Por las calles marchará
y el buen vino beberá
porque siempre victoriosa surgirá.
En la tasca habrá de ver
la ilusión con que al vencer
mostrará siempre en su cara lisonjera.
Todo el mundo la verá
bulliciosa y “descará”
porque siempre surgirá.
Grande es la triunfal defensa,
el Rosendo y el Manolé,
Pepe, Paco y el Botella ,
todos formidables, saben convencer.
Ya la Repartiora
vence con gran poder,
mientras que el otro llora
por no poder vencer.
Salta ya Paná,
brilla el moscatel,
que el vinillo está
que parece miel.
Ya venció la Repartiora,
su canción cantando va.
Surge clara y triunfadora
con su voz sonora
ya casi “apagá”.

Pero Miguel fue más allá y compuso una canción jocosa titulada “Ni el Iberia ni los Yankes” en la que se burlaba de los dos principales rivales de La Repartiora: Los Yankes, equipo compuesto por jóvenes burgueses, y El Iberia, formado por  mozos de la calle de La Acequia. La letra de la cancioncilla estaba adaptada a la música del chotis de “El Pichi”:

Nadie
desde ahora en adelante,
ni el “Iberia” ni los “Yankes”
ni con su líneas de ataque
hah de poder combatiros
ni el Orihuelal F. C.
¡Hurra!
Hurra los repartidores,
los mayores jugadores,
además de bebedores,
en Madrid como en Dolores,
en el campo ha visto usted.
Tráiganos ya,
para chutar
y “pa” marcar
el primer gol.
Nuestra delantera,
corta el bacalao.
Hay un medio centro
que no está jugaó.
Para hacerlo bien
hay un interior
que en combinación
marca el primer gol.
¡Anda que te zurzan
ese calcetín,
que por la rotura
te vas a salir!
Tú eres “Yankes”, para mí,
un suspiro en pantalón
y tú vas,
detrás de mí,
para chutar y marcar
el gol.
¡Anda que te zurzan
ese calcetín,
que por la rotura
te vas a salir!

Poco después, la afición de Miguel Hernández por el fútbol y, seguramente, la influencia de la “Oda a Platko” de Alberti, llevaron al poeta oriolano a escribir “Elegía-al guardameta”. Esta composición se inspira en un accidente del entonces portero del Orihuela FC, Manuel Soler, Lolo, quien durante un partido se golpeó con el poste y se abrió una enorme brecha en la cabeza. El portero no murió como consecuencia de aquel testarazo, pero Miguel, en un meritorio ejercicio de inventiva, aderezó el suceso con la muerte para completar así el sentido trágico del poema.

A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela.

Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?

En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.

Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.

Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.

Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.

Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.

Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.

Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.

Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.

Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.

¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.

Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.

Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.

A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.

Sirvan estos apuntes para reivindicar que la cultura y el deporte no tienen por qué estar reñidos.

***

Bibliografía
- Antón, A.J. y Becerra, D. (2010). Miguel Hernández. La voz de la herida. Córdoba: Editorial El Páramo.
- Collado, P. (1993). Miguel Herández y su tiempo. Madrid: Ediciones Vosa.
- Ferris, J. L. (2002). Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta. Madrid: Ediciones Temas de Hoy.
- Hernández, M. (2010). Obra completa, Tomo 1, Poesía/Prosas. Madrid: Espasa Libros.
- Pérez, R. (1984, 27 de junio). Ramón Pérez desmiente mucho de lo comentado hasta ahora sobre Miguel Hernández. En Canfali Vega Baja, p. 5.

¿Huelga de futbolistas?

En plena canícula y tras casi tres meses sin fútbol de etiqueta, la convocatoria de huelga de futbolistas caldeó los ánimos de algunos aficionados y tribunos mediáticos. Así, el síndrome de abstinencia del balón que padecían los unos y el pobre compromiso profesional que asumieron los otros propició que el debate público se redujese al señalamiento del cabeza de turco perfecto: el futbolista, un huelguista privilegiado. Sin embargo, hubo otras cuestiones clave del conflicto que apenas se trataron.

Los veranos de los años impares se hacen demasiado largos para los que nos reconocemos adictos al fútbol. Sin mundial y sin eurocopa, no nos queda otra que buscar en los amistosos estivales una pequeña dosis de tensión balompédica que alivie el mono hasta el inicio de la nueva temporada. Pasa cada dos años, y como somos conscientes de nuestra enfermedad, estamos prevenidos. Pero en veranos tan agitados política, social y económicamente como el de 2011, hasta los futboleros más sensatos suspiraban por un chute de sustancia evasiva oficial. Nada de pachangas del Madrid o el Barça contra combinados asiáticos de nombre impronunciable. En esas circunstancias, sólo la disputa de la supercopa y el comienzo de la liga podían contribuir a la digestión del estrés social que acompañaba cada incontrolable subida de la maldita prima de riesgo. Y en esas estábamos cuando el 11 de agosto la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), en tanto que sindicato de futbolistas, convocó una huelga para las dos primeras jornadas de liga.

En los días siguientes, algunos tribunos y editorialistas dieron cuerda al runrún que pronto empezó a bramarse en los mentideros:“Vaya, ¡por dios! ¿Huelga de futbolistas? ¿No son millonarios? ¿Qué piden ahora? Con la que está cayendo y estos privilegiados que no quieren ir a trabajar”. Y sí, hay que reconocer que esta postura no tenía parangón como chascarrillo popular de barra de bar. Pero si lo que se buscaba era entender el conflicto en toda su dimensión había que huir de prejuicios autocomplacientes y hacer el esfuerzo de plantear la cuestión desde una perspectiva mínimamente crítica. Era menester, pues, atender a los argumentos que exponían los futbolistas y situarlos en contexto, así como preguntarse quién y con qué intención despachaba en los medios el mentado discurso tabernario.

Para poner en situación la convocatoria del paro es preciso referirse a un precedente inmediato. El anuncio de huelga llegaba poco más de una semana después de que la Liga de Fútbol Profesional (LFP), patronal que agrupa a los clubes de fútbol de primera y segunda división, aprobase de forma unilateral un fondo de garantía concursal de 40 millones de euros. Mediante la creación de esta bolsa la LFP pretendía cubrir las deudas salariales de los clubes desde ahora hasta 2015, y de paso, agilizar las negociaciones en curso para la firma de un nuevo convenio colectivo con la AFE. Nada más lejos de la realidad. Para el sindicato, el fondo de garantía concursal aprobado por la LFP era del todo insuficiente en relación al volumen de deuda que ya arrastraban los clubes con los futbolistas. En concreto, la AFE denunciaba que en el último año los casos de impagos a jugadores de primera y segunda habían pasado de 100 a 200 y la cantidad total adeudada se había incrementado desde los 12 hasta los 50 millones de euros. Eso por no hablar de segunda B, donde los clubes acumulaban una deuda de 4,1 millones de euros a otros 200 futbolistas… Además, el hecho de que buena parte de los afectados por impagos militase en equipos humildes servía para romper con el tópico del futbolista millonetis: las víctimas formaban parte de lo que se puede llamar la working class del fútbol español, que dista mucho de tener los sueldos obscenos de las grandes estrellas del balón que todos conocemos.

 Por otro lado, el sindicato consideró una burla que la LFP condicionase la creación del citado fondo a que no se redujesen sus ingresos por las quinielas y a que no se modificasen las leyes que permiten eludir el descenso a los clubes endeudados. Esta segunda clausula señala el que es, por así decirlo, el pilar sobre el que se sostiene un modelo futbolístico en quiebra permanente. Y es que antes de la reforma de la normativa efectuada en septiembre, cuando un club de fútbol se sobreendeudaba y llegaba a la situación de no poder hacer frente a sus pagos, se acogía a la ley concursal. En estas circunstancias, el club era intervenido judicialmente y se ponía en marcha un plan de viabilidad cuyo fin era garantizar la continuidad de la actividad mercantil de la empresa –que en este caso era una Sociedad Anónima Deportiva– mediante la renegociación y liquidación progresiva de la deudas contraídas. Una vez iniciado este proceso prevalecían las cuestiones mercantiles, por lo que el juez siempre rechazaba la sanción de descenso administrativo prevista en la legislación deportiva. De esta forma, la directiva del club endeudado encontraba en ley concursal la trampa perfecta para evitar el descenso de categoría.

Podría pensarse que esta cuestión es una minucia fruto de esa picaresca venial tan nuestra si no fuese por el hecho de que de los 32 clubes europeos que se han acogido en los últimos años a la ley concursal, 31 son españoles (el otro es el Porthsmouth inglés). El fraude es, a todas luces, sistemático. De ahí que entre las reivindicaciones de los futbolistas se incluyese, precisamente, la de una reforma legal que permita ejecutar el descenso de categoría de los clubes morosos.

A tenor de lo anterior, sobraban argumentos para una huelga en el sector: no es sólo que algunos futbolistas no cobrasen desde hace tiempo, es que sus clubes no parecían tener intención de poner los medios para saldar las deudas pendientes y prevenir las futuras. Pero aun así había voceros mediáticos que criticaban que, en un país con casi cinco millones de parados, las estrellas de la liga fuesen a la huelga junto con los impagados y dejasen al pobre aficionado sin su ansiada dosis de narcótico. Quizá estos plumillas, frecuentes apagafuegos del régimen, temían que cundiese el ejemplo de unidad entre trabajadores, de forma que en la próxima huelga general hubiese menos esquiroles entre los asalariados mejor pagados. De otra manera no se entiende su postura. Precisamente, si hay algo que alabar en la actitud de los futbolistas en la huelga ha sido que han ido todos a una, dejando de lado egoísmos y pensando en el colectivo. Y ya puestos, si hay lugar al reproche –que lo hay– , este debe incidir en el corporativismo de los futbolistas y su falta solidaridad con resto de la sociedad al no respaldar otras huelgas como la del 29S. Porque si bien hay que aplaudir que todos los jugadores vayan a una en estas cuestiones, también es justo criticar que sólo vayan a la suya.

El parón del fútbol se llevó a cabo. Finalmente sólo duró una semana y los adictos pudimos sobrevivir a ello. Pero lo importante es que la presión de los jugadores ha arrancado tres compromisos a la LFP que pueden contribuir a mejorar, aunque sea ligeramente, el desastroso modelo futbolístico español. El primero de estos compromisos consiste en la reformulación del fondo de garantía concursal, al que ahora también aportará una cantidad la propia AFE. El segundo tiene que ver con la puesta en marcha de un procedimiento por el cual un futbolista podrá rescindir el contrato que lo une a su club si se le adeudan tres mensualidades. Y el tercero se refiere al establecimiento de una cifra económica que garantice el cobro de las nóminas a los jugadores cuyos clubes desciendan de categoría. Además, la LFP no ha logrado evitar que el Gobierno apruebe la reforma de la ley que a partir de ahora permitirá el descenso administrativo de los clubes en concurso de acreedores. La lucha ha dado sus frutos.

Evidentemente, una vez pasada esta huelga, restan por tratar otros muchos problemas del fútbol español. Uno de los que más urge resolver es el del pago de la deuda que los clubes arrastran tanto con Hacienda (607,36 millones de euros) como con la Seguridad Social (3,6 millones de euros). Pero más allá de asuntos puntuales, tarde o temprano también habrá que abordar cuestiones que afectan a la estructura, al modelo. Más todavía si, en un ejercicio de ruptura transitoria con el alienante consumo pasivo de espectáculos deportivos, se enfoca el tema desde la perspectiva de la construcción de una sociedad futura más justa. Entonces se tendrán que plantear, entre otras cosas, las posibles alternativas al profesionalismo o la forma y función social que deberían asumir los clubes deportivos.

***

Artículo publicado en el nº1 de la revista GRUNDmagazine. Se puede acceder a la revista pinchando aquí.

Nota: GRUNDmagazine me presenta erróneamente como “periodista” que “trabaja en GOLTV”. Quiero precisar que aunque alguna vez haya ejercido de periodista, no soy licenciado en tal carrera. Por otro lado, desde finales de octubre de 2011 ya no trabajo para Gol Televisión.

Fútbol

Fútbol son cuatro niños que intentan meter una pelota entre dos mochilas tiradas en el suelo de una plaza.

Fútbol es el cromo imposible de la colección del mundial del 94.

Fútbol es el torpe caminar de quien se calza por primera vez unas botas de tacos.

Fútbol es el olor de la tierra mojada de un campo de entreno.

Fútbol es el pis nervioso que cosquillea el vientre de quien está a punto de debutar en competición oficial.

Fútbol es un televisor colgado de la pared de un bar de barrio en una tarde de domingo.

Fútbol es el debate de los lunes a cuenta de la polémica arbitral.

Fútbol es una portería sin redes en un patio de instituto.

Fútbol es una excusa para quedar con los amigos cada martes.

Fútbol es un sprint para intentar evitar que el balón salga por fuera de banda.

Fútbol es el gol de Toquero en la final de copa de 2009.

Fútbol es pasión.