Archivos de la categoría ‘Compartiendo lecturas’

El poeta del rayo

14 Abril, 2009

miguelhernandezmedianaMuchas veces intento escribir algo sobre Miguel Hernández (1910-1942), pero siempre, a la cuarta línea, me descubro embargado por la emoción y sin rumbo. Al final, marcha atrás y otra vez será.

Pero hoy coinciden varias circunstancias por las que no puedo rehuir este compromiso latente desde el mismo día en que puse nombre a mi blog. Aunque el aniversario no sea redondo, hoy mismo se cumplen 78 años de la proclamación de la II República Española por la que Miguel dejó parte de su vida en las trincheras durante la Guerra Civil y la otra parte en la cárcel. De hecho, hace poco más de dos semanas (28 de marzo) que se cumplieron 67 años de la muerte de Miguel en una prisión de Alicante. Además, aprovechando la proximidad temporal de estas dos efemérides, varios compañeros de Revolta Global y yo hemos organizado para al próximo sábado un humilde acto de homenaje a Miguel Hernández en Barcelona. Como ven, demasiados motivos para vencer ese obstáculo emocional que me impide escribir del poeta del rayo.

En estas últimas semanas, con objeto de documentarme de cara al homenaje, he estado leyendo la biografía de Miguel Hernández que publicó el poeta y novelista José Luis Ferris en 2002. La obra, cimentada sobre un vasto trabajo de documentación, no sólo me ha dado a conocer algunos matices de la vida de Miguel que hasta ahora desconocía, si no que también me ha permitido profundizar en su obra literaria.

De todos los escritos de Miguel a los que he tenido acceso a partir de la biografía firmada por Ferris, ha habido uno que me ha llamado especialmente la atención por la fuerza que desprende: No dejar sólo a ningún hombre. Se trata de una prosa en la que Miguel narra un crudo pasaje sucedido en noviembre de 1937 en las batallas por la defensa de Madrid. Me voy a permitir aquí la licencia de reproducir un fragmento:

En una de las forzosas retiradas que tuvimos hacia Madrid, en la primera en la que me vi envuelto, me sucedió algo significativo. La artillería, la aviación, los ataques enemigos se cebaban en nuestros batallones…En medio del fragor de la huida, de los cartuchos y de los fusiles que los soldados arrojaban para correr con menor rendimiento, me hirió de arriba abajo este grito: “¡Me dejáis solo, compañeros!” Una bala rasgó por el hombro izquierdo mi chaqueta de pana, que conservaré mientras viva, y las explosiones de los morteros me cegaban y me hacían escupir tierra. “¡Me dejáis solo, compañeros!” Se oían muchos ayes, muchos rumores sordos de cuerpos cayendo para siempre, y aquel grito desesperado, amargo: “¡Me dejáis solo, compañeros!” ¡A mí me faltaba y me sobraba corazón para todo! En aquellos instantes sentí que se me desbordaba el pecho, orienté mis pasos hacia el grito, y encontré a un herido que sangraba como si su cuerpo fuera una fuente generosa. “¡Me dejáis solo, compañeros!” Le ceñí mi pañuelo, mis vendas, la mitad de mi ropa. “¡Me dejáis solo, compañeros!” Le abracé para que no se sintiera más solo. Pasaban huyendo entre nosotros, sin vernos, sin querer vernos, hombres espantados. El enemigo se oía muy cercano. “¡Me dejáis solo, compañeros” le eché sobre mis espaldas; el calor de su sangre golpeó mi piel como un martillo doloroso. “¡No hay quien te deje solo!”, le grité. Me arrastré con él donde quisieron las pocas fuerzas que me quedaban. Cuando ya no pude más le recosté en la tierra, me arrodillé a su lado y le repetí muchas veces “¡No hay quien te deje solo, compañero!” Y ahora, como entonces, me siento en disposición de no dejar solo en sus desgracias a ningún hombre.

Os invito a que leáis a Miguel Hernández. En él encontraréis el ímpetu de la naturaleza hecho poesía. Asimismo, si vivís en Barcelona, también os invito al acto de homenaje que tendrá lugar el sábado 18 de abril a las 19:30h en el Ateneu Rebel del Poble Sec (carrer Font Honrada 32-34).

Ensayos Bioeconómicos

3 Febrero, 2009

bioeconomialibroHace ya casi un par de años aproveché que mi compañera cursaba la asignatura Ética y Filosofía Política A en la Universitat Pompeu Fabra para colarme en una de las clases que impartía Francisco Fernández Buey. Casualmente, en aquella sesión vespertina el filósofo trató la que es una de sus especialidades y una de mis mayores inquietudes: la cuestión ecológica y la sostenibilidad.

Como era de esperar, aquellas dos horas dieron mucho de sí. Los temas que se trataron y la metodología docente me cautivaron, de tal forma que salí de la facultad convencido de que iba a volver. Casi año después, pedí a Fernández Buey que me dejase seguir sus clases como oyente y, con su visto bueno, acabé asistiendo a casi todas las sesiones del curso.

En los meses que pasaron entre aquella tarde de asistencia clandestina y las tardes del curso siguiente en las que fui más escuchante que oyente, los apuntes de la sesión de sostenibilidad fueron una guía que me permitió profundizar en aspectos concretos de la ecología política. Fue así como tomé contacto con las teorías bioeconómicas de Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994).

Este economista rumano planteó una ruptura con el paradigma mecanicista que regía (y rige) la ciencia económica al extrapolar la segunda ley de la termodinámica y el concepto de entropía al análisis económico. Según Georgescu-Roegen “el proceso económico tiene una evolución unidireccional irrevocable” según la cual “en términos de entropía, el coste de cualquier empresa biológica o económica siempre es mayor que el producto obtenido”. Cualquier actividad humana productiva tiene como consecuencia un incremento de la entropía. Así, aunque a la hora de refinar un mineral se obtenga una pieza metálica de menor entropía que el propio mineral, el refinamiento “provoca un incremento de entropía en el entorno mayor que la reducción de entropía ocurrida en el metal”.

La  idea de la degradación material y energética permanente intensificada por la actividad productiva del Hombre llevó al economista rumano a plantear una crítica abierta a la idea de desarrollo económico. Este punto de vista crítico con el paradigma de la sociedad moderna constituye la base sobre la que hoy se asienta la teoría del decrecimiento, a la que prometo referirme en próximos posts.

Hay un par de libros editados en castellano (había un tercero: La ley de la entropía y el proceso económico. Madrid: Visor, 1996, pero está descatalogado) que recogen buena parte del pensamiento de Georgescu-Roegen: La Bioeconomía de Georgescu-Roegen, de Óscar Carpintero (Mataró: Montesinos, 2006) y Ensayos Bioeconómicos (ed. Óscar Carpintero, Madrid: Los libros de la catarata, 2007). De momento sólo puedo recomendaros el segundo de ellos, ya que el otro aún no lo he leído. En Ensayos Bioeconómicos encontraréis siete escritos del economista rumano con los que os podréis hacer una idea bastante completa de sus aportaciones a la teoría económica.

Pacifismo, ecología y política alternativa

13 Enero, 2008

Desde que a mediados de septiembre me trasladase a vivir a Barcelona la lectura de ensayo se ha ido convirtiendo en una de mis más importantes ocupaciones extra-académicas. Precisamente yo, que siempre me he plantado el segundo día de empezar una novela…

Como leer es en cierto modo aprender, y no hay nada más bonito que compartir conocimientos y desconocimientos, aquí os adjunto un fragmento del texto Comunicación a las jornadas de ecología y política escrito por Manuel Sacristán Luzón con motivo de un ciclo de charlas celebradas en Murcia en 1979.

Ahora que el programa verde se ha convertido en una marca propagandística electoral que abrazan diestros, ambidiestros y zurdos, no está de más releer lo que escribió al respecto este filósofo, marxista y pionero del ecosocialismo en España.

La falsa salida reformista parece beneficiarse de la necesidad de abandonar la dialéctica mefistofélica de la pura negatividad, del “cuanto peor, tanto mejor”, para propugnar una ética revolucionaria de la cordura. Pero eso es sólo apariencia falsa, suscitada por la vaguedad de una descripción muy general. En la concreción de la vida, la lucha por la cordura y la supervivencia tiene que ser tan revolucionaria radical como la lucha por la justicia y la libertad. No es posible que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible. Por eso lo razonablemente reformista es, también en esto, irracional. Se comportan irracionalmente los partidos y la publicística de izquierda que adoptan líneas supuestamente razonables, aparentemente cuerdas, pero que deben esa apariencia sólo al hecho de que no han sido pensadas hasta el final. Así es, por ejemplo, la tesis “pocas centrales nucleares y controladas por el pueblo” una solución imposible, porque ningún gigantismo (tampoco, por cierto, el de descomunales estaciones de energía solar) es sometible a la voluntad de la comunidad, sino que reclama una concentración de poder despótico. Esta disimulada locura de los partidos reformistas reproduce la ideología pequeño-burguesa del anarquismo proudhoniano, que cree posible una sociedad de pequeños propietarios en competencia sin que se produzca concentración de capital y poder. A los publicistas que rechazan en sus artículos editoriales la “pasión” y la “emoción” de los grupos ecologistas y antinucleares hay que hacerles ver que la emoción con que se defiende la verdad es más racional que la tibieza con que se propugna lo falso en sus periódicos.

Os animo a que leais y reflexioneis de forma crítica el libro Pacifismo, ecología y política alternativa, publicado por la editorial Icaria, que recoge éste y otros escritos de Manuel Sacristán.