Archivos de la categoría ‘Compartiendo lecturas’

Pacifismo, ecología y política alternativa

13 Enero, 2008

Desde que a mediados de septiembre me trasladase a vivir a Barcelona la lectura de ensayo se ha ido convirtiendo en una de mis más importantes ocupaciones extra-académicas. Precisamente yo, que siempre me he plantado el segundo día de empezar una novela…

Como leer es en cierto modo aprender, y no hay nada más bonito que compartir conocimientos y desconocimientos, aquí os adjunto un fragmento del texto Comunicación a las jornadas de ecología y política escrito por Manuel Sacristán Luzón con motivo de un ciclo de charlas celebradas en Murcia en 1979.

Ahora que el programa verde se ha convertido en una marca propagandística electoral que abrazan diestros, ambidiestros y zurdos, no está de más releer lo que escribió al respecto este filósofo, marxista y pionero del ecosocialismo en España.

La falsa salida reformista parece beneficiarse de la necesidad de abandonar la dialéctica mefistofélica de la pura negatividad, del “cuanto peor, tanto mejor”, para propugnar una ética revolucionaria de la cordura. Pero eso es sólo apariencia falsa, suscitada por la vaguedad de una descripción muy general. En la concreción de la vida, la lucha por la cordura y la supervivencia tiene que ser tan revolucionaria radical como la lucha por la justicia y la libertad. No es posible que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible. Por eso lo razonablemente reformista es, también en esto, irracional. Se comportan irracionalmente los partidos y la publicística de izquierda que adoptan líneas supuestamente razonables, aparentemente cuerdas, pero que deben esa apariencia sólo al hecho de que no han sido pensadas hasta el final. Así es, por ejemplo, la tesis “pocas centrales nucleares y controladas por el pueblo” una solución imposible, porque ningún gigantismo (tampoco, por cierto, el de descomunales estaciones de energía solar) es sometible a la voluntad de la comunidad, sino que reclama una concentración de poder despótico. Esta disimulada locura de los partidos reformistas reproduce la ideología pequeño-burguesa del anarquismo proudhoniano, que cree posible una sociedad de pequeños propietarios en competencia sin que se produzca concentración de capital y poder. A los publicistas que rechazan en sus artículos editoriales la “pasión” y la “emoción” de los grupos ecologistas y antinucleares hay que hacerles ver que la emoción con que se defiende la verdad es más racional que la tibieza con que se propugna lo falso en sus periódicos.

Os animo a que leais y reflexioneis de forma crítica el libro Pacifismo, ecología y política alternativa, publicado por la editorial Icaria, que recoge éste y otros escritos de Manuel Sacristán.