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Notas a destiempo sobre el anuncio de Loewe Oro

Cuando vi el anuncio de Loewe Oro ya era tarde. Llevaba un cuarto de hora expuesto al bombardeo de cientos de tweets y comentarios que circulaban por la red a la velocidad del rayo y que, de alguna manera, habían viciado mi mirada con demasiados prejuicios. Más tarde es todavía cuando escribo estas líneas. Pero, ¿cuánto tiempo ha pasado? Un mes. Demasiado para internet, dirán algunos. Cierto. Pero me van a tener que disculpar. Resulta que no acabo de adaptarme al arrebato al que nos somete el incesante flujo de información en la red. Me gusta caminar despacio. Así que aprovecharé este remanso que es mi blog para desarrollar unas notas tomadas en los días siguientes a la publicación del citado anuncio.

Tras las primeras visualizaciones del spot, mis ojos vieron poco más de lo que ya habían leído: la marca de lujo buscaba expandir su mercado a jóvenes de clase alta mediante un anuncio construido a partir de una serie de burdos testimonios de estos clientes objetivo. Al contrario que muchos críticos, en ningún momento aprecié que Loewe quisiera dar a entender que los protagonistas del spot constituían una muestra significativa de la heterogénea juventud española. Todo lo contrario: estaban mostrando (y dirigiéndose) a un sector muy específico de la juventud compuesto, en parte, por descendientes de clientes clásicos de la marca que gozan de gran poder adquisitivo. De este modo, en la línea de lo que señala Sergio Aguilar en su artículo El rotundo éxito de Loewe”, entendí que el anuncio muestra únicamente «una pieza» de un «puzzle social» marcado por la dualidad entre quienes gozan del lujo – y pueden comprar bolsos Loewe – y quienes sufren la precariedad.

Evidentemente, mostrar parcialmente una realidad social tan dura puede generar rechazo entre quienes no somos clientes objetivo. Pero, ¿qué pretende la marca con esta atrevida estrategia de segmentación del mercado? Lo comenta Jorge Villar en “Loewe: Bienvenidos al Punk Marketing”: «recuperar exclusividad» ante el rechazo de los no clientes potenciales; que los jóvenes de clase alta reaccionen a las críticas refugiándose en Loewe y la adopten como «un icono-marca que los represente y apueste por ellos»; y que «el anuncio sea viral y todo el mundo hable de él».

Hay quien opina el efecto de la campaña en los social media ha sido nefasto, como es el caso de Gaby Castellanos en su artículo “Caso Loewe Oro: cómo tener una crisis en Social Media y no aceptarlo”. Pero es que seguramente, como la propia Castellanos también señala, «la gente de Loewe pasa del Social Media» y «cree que su target no está en internet», porque «la comunicación es masiva, pero el lujo es para unos pocos». Esos pocos que, sin preocuparse de que sus intereses sean Trending Topic en Twitter, con motivo del spot también han entrado en Youtube para ver el vídeo y sentirse identificados con la marca que ya compraba su madre o su abuela.

Por lo tanto, desde el punto de vista comunicativo, creo que Loewe ha conseguido lo que quería: dar a conocer su producto al gran público (hasta antes del ver anuncio yo no tenía ni idea de que uno de los productos estrella de Loewe eran los bolsos de piel) y segmentar su mercado dirigiéndose a jóvenes modernos de familias acaudaladas a los que les resbala la crisis.

Desde el punto de vista político, yo siempre he pensado que audiovisuales como éste en los que gente rica hace ostentación de su poder económico en tiempos de crisis contribuyen a despertar y reforzar la conciencia de clase (la obrera y también la otra, la de los que compran bolsos Loewe). Por eso no gasto un gramo de indignación con el hecho de que Loewe haya retratado a su público objetivo en ese anuncio. Prefiero indignarme al preguntarme por qué hay quien puede gastarse mil euros en un bolso mientras yo apenas gano para pagarme el alquiler de mi habitación. Porque es ahí donde está la contradicción sobre la que se ha de actuar.

Sobre el discurso Álex de la Iglesia en la Gala de los Premios Goya

Pese a que debería haberlo hecho antes, hasta hoy no me había puesto a leer sobre la polémica que ha llevado a Álex de la Iglesia a dimitir como Presidente de la Academia del Cine. Había oído algunas cosas y había leído algún titular de forma aislada, pero no estaba, ni mucho menos, informado.

Ahora tampoco lo estoy del todo (todavía tengo pendiente leerme el sucedáneo de Ley Sinde que pactaron PSOE y PP y algún artículo de opinión más), pero he de reconocer que, tras escuchar el dicurso pronunciado por Álex de la Iglesia en la Gala de los Premios Goya celebrada ayer, empecé a entender los motivos que habían llevado al director bilbaíno a dimitir como Presidente de la Academia del Cine. Y hoy, tras leer algunas cosas (como ésta, ésta de aquí o ésta otra) casi que lo entiendo todo.

Y es que mensajes como los que lanzó ayer Álex en su discurso (“las reglas del juego han cambiado”, “A los internáutas no les gusta que les llamen así. Ellos son CIUDADANOS, sencillamente gente, son nuestro PÚBLICO”, “internet es, precisamente, la SALVACIÓN de nuestro cine”, “Sólo ganaremos al futuro SI SOMOS NOSOTROS LOS QUE CAMBIAMOS, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un NUEVO MODELO DE MERCADO que tenga en cuenta a TODOS los implicados”, “hacemos cine porque los ciudadanos NOS PERMITEN hacerlo, y les debemos respeto, y agradecimiento”), pese a no proponer nada que pueda ser considerado revolucionario, señalan verdades tan de perogrullo como molestas para eso que llaman la industria cultural española. Una industria acomodada que pretende seguir obteniendo pingües beneficios mientras vive ajena a los cambios en las formas de acceso a sus productos por parte del público.

Entiendo que Álex de la Iglesia haya dimitido. Pese a los comprometidos aplausos de ayer a su discurso, creo que estaba solo (o casi) en la Academia. Y comparto lo que dijo, empezando por lo fundamental: el respeto que debe la industria los ciudadanos. Sobre todo, porque es moralmente reprobable que se acuse de ladrones a quienes comparten archivos en internet mientras se vive protegido entre los algodones de un sistema de subvenciones hecho a medida de la trampa. Eso por no entrar en la consideración, más controvertida y subjetiva, de si todo lo que produce la industria es susceptible de ser considerado cultura (y por lo tanto, con derecho a ayuda pública) o no.

De lo que no cabe duda es de que si la industria quiere sobrevivir en este contexto tendrá que atender a lo que ayer dijo Álex: ponerse manos a la obra, cambiar el chip y desarrollar formas de comercialización y distribución de sus productos en internet. Si no, todo su montaje se irá al garete. Y eso no supondrá el fin del cine, ni el fin de la cultura, sino el fin de una determinada forma de producir, distribuir y comerciar.

 

Discurso de Álex de la Iglesia en los Goya: ’Internet es la salvación de nuestro cine’

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Huelgas y medios

En las últimas semanas el enfoque con que los mass media han tratado las noticias relacionadas con las huelgas generales de España y Francia se ha caracterizado por una hostilidad implícita hacia las movilizaciones. Este sesgo informativa se ha construido, en la mayoría de los casos, sobre dos pilares: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes no secundan el paro.

En el caso del 29S en España, unos incidentes violentos que tuvieron lugar en el centro Barcelona coparon los titulares de la prensa estatal en los días posteriores a la movilización.  Con ello, los mass media convirtieron lo anecdótico en argumento principal de sus boletines y regalaron el papel de protagonista de la huelga a la minoría que participó en los altercados. Dió igual que el seguimiento de la jornada de paro fuese superior al que muchos pensaban, que a las distintas manifestaciones que discurrieron pacíficamente por las calles de las principales ciudades del Estado acudiesen más de un millón de personas, o que en muchas de esas manifestaciones se escuchasen voces críticas con la política pactista de los sindicatos mayoritarios. Nada interesaba más que el coche quemado y las barricadas de contenedores en las calles…

Mediante esta disfunción informativa los medios no sólo desviaron la atención de lo sustancial de la noticia, sino que identificaron el todo con la parte y, con ello, inauguraron una polémica interesada sobre la supuesta violencia de los huelguistas. Pero no se quedaron ahi. El siguiente paso fue bautizar a quienes habían tomado parte de los disturbios como “antisistema”, para comenzar entonces una caza de brujas mediática a todo lo que oliese al susodicho apelativo. Esta manía persecutoria acabó trascendiendo del ámbito de la prensa y, hace pocos días, la tercera teniente de alcalde de Barcelona, Assumpta Escarp, llegó a plantear la posibilidad de solicitar a la Fiscalía el cierre de webs que ofrezcan información sobre cómo organizar actos “antisistema” (señalando al portal de contrainformación Kaosenlared.org).

Por otro lado, los mass media están poniendo el foco informativo sobre cómo afecta la huelga a aquellas personas que han decidido no secundar el paro. Así, se presenta al esquirol como un sufrido ciudadano que, bien quiere ejercer su derecho al trabajo (¿?) y no puede porque la huelga del transporte le impide llegar a su destino, bien quiere llenar el depósito de su coche y pierde tiempo por las largas colas que se organizan en las gasolineras…

Vamos, que la huelga es una molestia y los huelguistas unos pelmazos coactivos que ponen palos en las ruedas del carro de quienes, libremente, deciden seguir con su rutina (llevar los niños al cole, ir al trabajo, salir de compras, etc.) en día de huelga. Por supuesto, ni se menta que son los huelguistas (que, ni mucho menos, son todos liberados sindicales) quienes están sacrificando un día de sueldo en pos de conservar los derechos de todos, ni tampoco que si la presión social de la movilización consigue que el gobierno se eche atrás  en sus reformas, los esquiroles también se beneficiarán del logro aunque no hayan movido un dedo para que se haga posible.

La indignación por estas malas prácticas informativas está más justificada, si cabe,  si atendemos a la circunstancia de que los medios de comunicación públicos han participado activamente de la treta. Eso sí, esta vez han sido más sutiles que el 20J de 2002: no han silenciado el seguimiento del paro, pero han tratado de deslegitimar la huelga criminalizando a los huelguistas y compadeciendose de los esquiroles. Después de ocho años, pues,  han cambiado las caras y las formas, pero en lo esencial, seguimos igual: sufriendo la manipulación informativa en días de huelga.

Dejo aquí un par de ejemplos que ilustran las tesis de mi post.

El primero de ellos se corresponde con una entrevista al profesor Francisco Fernández Buey en el programa ‘Asunto del día’ de Radio 5. El título del corte, ‘Los antisistemas son una minoría’, nos da una pista sobre lo que encontraremos si lo escuchamos: el periodista reinterpreta varias de las respuestas de FFB e intenta desvirtuar el sentido de las mismas. Como no podía ser de otra manera, el profesor termina poniendo las cosas en su sitio.


El segundo ejemplo es el vídeo de una noticia que trata la huelga general de Francia y que se construye sobre los dos pilares que he comentado en el post: la criminalización de los huelguistas y la victimización de quienes optan por seguir con su rutina pese a la convocatoria de paro.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101019/francia-vive-su-novena-jornada-huelga-contra-retraso-edad-jubilacion/906531.shtml

Callejeros Viajeros y “el Pepe” Mujica

A principios del pasado noviembre, gracias a un vídeo enlazado en La Casa Roja, tuve la oportunidad de conocer al recientemente elegido presidente de la República Oriental del Uruguay, el Pepe Mujica. En el clip, este agricultor de setenta y cinco años y con pasado guerrillero elogiaba en un mitin el papel de los militantes en la lucha política. Son “la levadura del pan, los que construyen, en el fondo, la organización de los pueblos, la movilización de las sociedades”, decía Mujica. Me sorprendió la conjunción de sencillez y brillantez en ese hombre, capaz de elaborar con lenguaje corriente un discurso emotivo y cargado de contenido.

Hoy, mientras veía la última entrega de Telemonegal, he podido comprobar que Mujica extiende la llaneza y la humildad a su vida privada. Ha sido en una referencia de Ferran Monegal al programa Callejeros Viajeros, que en una de sus últimas entregas había tratado sobre Montevideo. En el corte de vídeo que ha comentado Monegal, Lucía Topolansky, cónyuge de Mujica, abría las puertas de la vivienda del presidente a los reporteros. La escena es un puñetazo de coherencia y austeridad ejemplar en la cara de los políticos profesionales de las democracias occidentales.

Si acaso, otro día, comentaré aquí mis pareceres acerca del concepto de reportaje con el que suelen trabajar tanto Callejeros como otras producciones similares. Hoy he preferido centrarme en este breve corte por su significación política.

Os dejo aquí el clip de vídeo de Callejeros. En el minuto 2:25 comienza la secuencia en la casa de Mujica. Dos minutos y medio más tarde el Pepe comenta a cámara su origen cántabro, sus convicciones republicanas y su punto de vista sobre España.

Piso compartido

Hoy os voy a presentar Piso compartido, un cortometraje extraacadémico ideado y dirigido por Roman (sí, sin tilde) Aixendri, en cuya realización participamos otros cuatro compañeros de Comunicació Audiovisual de la UB: Gorka Armendáriz (cámara, sonido y montaje), Sofía Sequeiros (dirección de fotografía), Rebeca Rodriguez (script) y yo mismo (actor follonero).

Aprovecho par mandar desde aquí un abrazo tremendo a todos los compas de CAVUB.

Espero que os guste.

Socialismo y cristianismo

Tenía que volver algún día. O alguna noche. Y ha sido esta.

El título del post suena a provocación. Más aún cuando hoy (ayer ya) la vanguardia carca del catolicismo español ha desfilado por Madrid en procesión antiabortista. Pero tranquilos, no estoy loco del todo. Resulta que la lectura de un hilo debate en FOROIU sobre “Religiosos de izquierda” me ha hecho reflexionar sobre el asunto. Y aunque por mi doble condición de rojo y exalumno de colegio católico podría explicar mis pareceres en una entrada larguísima (de esas que os dejaríais a mitad de leer), prefiero resolver el asunto con un clip de vídeo que recoge parte de un discurso de Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara (México) en 1972.

Lo que viene al caso se reduce a un par de frases que se escuchan cuando han transcurrido 2’20”. Pero vale la pena escucharlo entero.

Como dice el genial Rafael Álvarez “El Brujo” en su obra El Evangelio de San Juan: “la esencia de la Biblia son los signos…pero la Iglesia se centró en el hombre”. Una lástima, la verdad.

Gran Torino

gran-torino-posterEastwood interpreta a Walt Kowalsky, un personaje de perfil tan estereotípico como detestable: se trata de un viejo americano esencialista, de conservadurismo fraguado en guerra, que ve en la inmigración y en la crisis ética de las nuevas generaciones las causas de la pérdida de valores tradicionales de la sociedad americana. Para este abuelo arisco de perfil republicano, como para los viejos héroes del western o para la mayoría de los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, la justicia se dictamina en primera persona y se hace efectiva a tiros.

El viejo Kowalsky, que acaba de enviudar, alimenta su resentimiento con el mundo en la soledad de una casa enclavada en un barrio de Michigan concurrido por inmigrantes. Allí vive viendo pasar el tiempo, únicamente acompañado por su perra, su coche deportivo modelo Gran Torino del 72 y latas cerveza fría.

Junto a la casa de Kowalsky vive una familia de la etnia Hmong con dos hijos: el tímido e inocente Thao y la honesta e inteligente Sue. Un día Thao es reclutado por su primo Spider para formar parte de una banda callejera del barrio. La prueba de fuego que le proponen los pandilleros al joven será robar el Gran Torino de Kowalsky. El hurto queda en tentativa cuando el viejo sorprende in fraganti a Thao en el garaje y el joven consigue huir de la amenaza de la escopeta de Kowalsky.

Días más tarde Spider y su banda van a casa de Thao con la intención de que el joven marche con ellos. La negativa de Thao y de su familia da lugar a la violencia de los pandilleros, que quieren llevárselo a la fuerza. En esas circunstancias el viejo Kowalsky irrumpe en medio de la trifulca y disuade a la banda con su escopeta.

A partir de ese momento la familia Hmong agradece a Kowalsky su intervención y le ofrece regalos que el viejo se niega a aceptar en un principio. Asimismo, para reparar el honor de la familia tras el incidente del robo, la madre le propone a Kowalsky que Thao le ayude en las tareas que el viejo requiera.

Poco a poco el viejo va tomando confianza con Sue y Thao, a quien consigue encontrarle un trabajo en la construcción. Pero la banda de Spider continúa acosando a ambos jóvenes y a su familia, ante lo que Kowalsky se siente con la responsabilidad moral de poner freno a lo que se está convirtiendo en un abuso.

El toque de atención de Kowalsky a uno de los pandilleros no sirve si no para motivar una reacción aún más cruda por parte la banda. Ante lo insostenible de esta situación el viejo planea una forma para terminar de una vez por todas con la banda…

Evidentemente, hay mucho más: subtramas, escenografía, música,… y ¡qué final! Lamento dejaros con la miel en los labios, pero no quiero destrozaros una posible buena tarde de cine. Así que, si tenéis la oportunidad de ver Gran Torino (si puede ser, mejor en versión original subtitulada), no la desperdiciéis.

Entre Poética y Mime

Podría empezar este post justificando mi irregularidad con este blog. Quizá debería hacerlo, por respeto a aquellas buenas personas que se siguen pasando por aquí de vez en cuando. Pero las explicaciones sonarían a excusa, así que prefiero ahorrármelas.

Lo que si que voy a hacer, para volver a darle vidilla a esto es contaros lo que he estado haciendo en las últimas semanas. Desde que volví de Orihuela a Barcelona tras las fiestas navideñas he dedicado casi todo el tiempo a estudiar para un par de exámenes y hacer varios trabajos de la Universidad. Los exámenes no fueron para tirar cohetes, pero me salieron lo suficientemente bien como para aprobar las asignaturas. De los trabajos, ha habido dos con los que he disfrutado particularmente: uno, para la asignatura Literatura i Cinema, en el que he analizado las relaciones entre el método de análisis y composición que propone Aristóteles en Poética y los mecanismos y conceptos relacionados con la escritura de guiones que se enseñan hoy en las escuelas de cine y facultades de comunicación; y otro, para la asignatura Producció i Realització Audiovisual I, que se titula Mime y es el segundo cortometraje realizado por Femme Fatale (tras Dolores).

El primero de los trabajos citados me permitió comprobar de primera mano que las bases sobre las que se asienta hoy la narrativa audiovisual que da forma al cine de ficción son las mismas sobre las que se edificaba el teatro griego. Se puede decir, pues, que en los últimos veinticautro siglos la evolución de las técnicas de creación de las artes escénicas ha seguido el principio narrativo de continuidad. Esta es la razón por la que en el conflicto, en los obstáculos , en el objetivo y en la estructura de una obra audiovisual de hoy podemos reconocer los principios que describió Aristóteles al hablar del mythos, de la misma forma que si analizamos los personajes y estudiamos el concepto aristotélico de êthê. Evidentemente el lenguaje teatral y el cinematográfico son distintos. Pero el punto de partida del cine fue el lenguaje teatral, como dejan patente las propuestas adscritas al definido como Modo de Representación Primitivo (caracterizadas por estar rodadas con una cámara fija frente a un escenario con telón de fondo en el que se llevaba a cabo una acción) en el que se rodaban escenas teatrales. Un ejemplo de este tipo de propuestas de cine primitivo lo encontramos en Jeanne D’Arc (1900) de Georges Méliès, del que aquí adjunto un fragmento:

El segundo trabajo es, como he dicho, un cortometraje que hemos realizado los Femme Fatale. La premisa era, a diferencia del ejercicio que se planteó para Dolores, que hubiese mucho movimiento de cámara. Roman pensó en una persecución y de ahí salió la idea de Mime. Espero que os guste.

Dolores

Roman Aixendri, Rafael de la Espriella y yo nos unimos a principio de curso en laico matrimonio (como la misma palabra dice, tri es cosa tres) audiovisual para trabajar juntos y revueltos en la asignatura Producció i Realització Audiovisual I.

Lo primero que hicimos fue buscar un nombre que identificase nuestra unión. Así,  pensamos que Enfant Terrible podía ser una buena opción, ya que, además poseer el toque chic de lo francés (que diría Javier Krahe), este nombre nos daba un aire travieso, incluso rebelde. Pero como, además de gustarnos la sonoridad del francés y las travesuras, nos va el rollo transgresor, siendo tres chicos decidimos llamarnos Femme Fatale.

El primer hijo de este matrimonio fue concebido, como no podía ser de otra manera, tras un menage a trois. Roman puso la idea, Rafael, la técnica del montaje y yo hice las veces de productor. Después varias semanas de gestación y tras un parto sin dolor, nació Dolores.  Aquí os la presento:

Frecuencias, tempos y ciclos

Hace un par de meses, con motivo de una entrega para la asignatura LLenguatge i Tecnología de l’Expressió Audiovisual, realicé un cortometraje experimental al que llamé ‘Frecuencias, tempos y ciclos’.

La propuesta está formada por una sucesión de planos de fenómenos de mi cotidianidad que tienen en común su carácter cíclico. Por medio del sonido directo y el montaje de planos de duración variante y aleatoria intenté que la obra resultante tuviese aires de documental rítmico.

A continuación adjunto la ventana donde podréis ver ‘Frecuencias, tempos y ciclos’. Espero que no os disguste.

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