¿Huelga de futbolistas?

En plena canícula y tras casi tres meses sin fútbol de etiqueta, la convocatoria de huelga de futbolistas caldeó los ánimos de algunos aficionados y tribunos mediáticos. Así, el síndrome de abstinencia del balón que padecían los unos y el pobre compromiso profesional que asumieron los otros propició que el debate público se redujese al señalamiento del cabeza de turco perfecto: el futbolista, un huelguista privilegiado. Sin embargo, hubo otras cuestiones clave del conflicto que apenas se trataron.

Los veranos de los años impares se hacen demasiado largos para los que nos reconocemos adictos al fútbol. Sin mundial y sin eurocopa, no nos queda otra que buscar en los amistosos estivales una pequeña dosis de tensión balompédica que alivie el mono hasta el inicio de la nueva temporada. Pasa cada dos años, y como somos conscientes de nuestra enfermedad, estamos prevenidos. Pero en veranos tan agitados política, social y económicamente como el de 2011, hasta los futboleros más sensatos suspiraban por un chute de sustancia evasiva oficial. Nada de pachangas del Madrid o el Barça contra combinados asiáticos de nombre impronunciable. En esas circunstancias, sólo la disputa de la supercopa y el comienzo de la liga podían contribuir a la digestión del estrés social que acompañaba cada incontrolable subida de la maldita prima de riesgo. Y en esas estábamos cuando el 11 de agosto la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), en tanto que sindicato de futbolistas, convocó una huelga para las dos primeras jornadas de liga.

En los días siguientes, algunos tribunos y editorialistas dieron cuerda al runrún que pronto empezó a bramarse en los mentideros:“Vaya, ¡por dios! ¿Huelga de futbolistas? ¿No son millonarios? ¿Qué piden ahora? Con la que está cayendo y estos privilegiados que no quieren ir a trabajar”. Y sí, hay que reconocer que esta postura no tenía parangón como chascarrillo popular de barra de bar. Pero si lo que se buscaba era entender el conflicto en toda su dimensión había que huir de prejuicios autocomplacientes y hacer el esfuerzo de plantear la cuestión desde una perspectiva mínimamente crítica. Era menester, pues, atender a los argumentos que exponían los futbolistas y situarlos en contexto, así como preguntarse quién y con qué intención despachaba en los medios el mentado discurso tabernario.

Para poner en situación la convocatoria del paro es preciso referirse a un precedente inmediato. El anuncio de huelga llegaba poco más de una semana después de que la Liga de Fútbol Profesional (LFP), patronal que agrupa a los clubes de fútbol de primera y segunda división, aprobase de forma unilateral un fondo de garantía concursal de 40 millones de euros. Mediante la creación de esta bolsa la LFP pretendía cubrir las deudas salariales de los clubes desde ahora hasta 2015, y de paso, agilizar las negociaciones en curso para la firma de un nuevo convenio colectivo con la AFE. Nada más lejos de la realidad. Para el sindicato, el fondo de garantía concursal aprobado por la LFP era del todo insuficiente en relación al volumen de deuda que ya arrastraban los clubes con los futbolistas. En concreto, la AFE denunciaba que en el último año los casos de impagos a jugadores de primera y segunda habían pasado de 100 a 200 y la cantidad total adeudada se había incrementado desde los 12 hasta los 50 millones de euros. Eso por no hablar de segunda B, donde los clubes acumulaban una deuda de 4,1 millones de euros a otros 200 futbolistas… Además, el hecho de que buena parte de los afectados por impagos militase en equipos humildes servía para romper con el tópico del futbolista millonetis: las víctimas formaban parte de lo que se puede llamar la working class del fútbol español, que dista mucho de tener los sueldos obscenos de las grandes estrellas del balón que todos conocemos.

 Por otro lado, el sindicato consideró una burla que la LFP condicionase la creación del citado fondo a que no se redujesen sus ingresos por las quinielas y a que no se modificasen las leyes que permiten eludir el descenso a los clubes endeudados. Esta segunda clausula señala el que es, por así decirlo, el pilar sobre el que se sostiene un modelo futbolístico en quiebra permanente. Y es que antes de la reforma de la normativa efectuada en septiembre, cuando un club de fútbol se sobreendeudaba y llegaba a la situación de no poder hacer frente a sus pagos, se acogía a la ley concursal. En estas circunstancias, el club era intervenido judicialmente y se ponía en marcha un plan de viabilidad cuyo fin era garantizar la continuidad de la actividad mercantil de la empresa –que en este caso era una Sociedad Anónima Deportiva– mediante la renegociación y liquidación progresiva de la deudas contraídas. Una vez iniciado este proceso prevalecían las cuestiones mercantiles, por lo que el juez siempre rechazaba la sanción de descenso administrativo prevista en la legislación deportiva. De esta forma, la directiva del club endeudado encontraba en ley concursal la trampa perfecta para evitar el descenso de categoría.

Podría pensarse que esta cuestión es una minucia fruto de esa picaresca venial tan nuestra si no fuese por el hecho de que de los 32 clubes europeos que se han acogido en los últimos años a la ley concursal, 31 son españoles (el otro es el Porthsmouth inglés). El fraude es, a todas luces, sistemático. De ahí que entre las reivindicaciones de los futbolistas se incluyese, precisamente, la de una reforma legal que permita ejecutar el descenso de categoría de los clubes morosos.

A tenor de lo anterior, sobraban argumentos para una huelga en el sector: no es sólo que algunos futbolistas no cobrasen desde hace tiempo, es que sus clubes no parecían tener intención de poner los medios para saldar las deudas pendientes y prevenir las futuras. Pero aun así había voceros mediáticos que criticaban que, en un país con casi cinco millones de parados, las estrellas de la liga fuesen a la huelga junto con los impagados y dejasen al pobre aficionado sin su ansiada dosis de narcótico. Quizá estos plumillas, frecuentes apagafuegos del régimen, temían que cundiese el ejemplo de unidad entre trabajadores, de forma que en la próxima huelga general hubiese menos esquiroles entre los asalariados mejor pagados. De otra manera no se entiende su postura. Precisamente, si hay algo que alabar en la actitud de los futbolistas en la huelga ha sido que han ido todos a una, dejando de lado egoísmos y pensando en el colectivo. Y ya puestos, si hay lugar al reproche –que lo hay– , este debe incidir en el corporativismo de los futbolistas y su falta solidaridad con resto de la sociedad al no respaldar otras huelgas como la del 29S. Porque si bien hay que aplaudir que todos los jugadores vayan a una en estas cuestiones, también es justo criticar que sólo vayan a la suya.

El parón del fútbol se llevó a cabo. Finalmente sólo duró una semana y los adictos pudimos sobrevivir a ello. Pero lo importante es que la presión de los jugadores ha arrancado tres compromisos a la LFP que pueden contribuir a mejorar, aunque sea ligeramente, el desastroso modelo futbolístico español. El primero de estos compromisos consiste en la reformulación del fondo de garantía concursal, al que ahora también aportará una cantidad la propia AFE. El segundo tiene que ver con la puesta en marcha de un procedimiento por el cual un futbolista podrá rescindir el contrato que lo une a su club si se le adeudan tres mensualidades. Y el tercero se refiere al establecimiento de una cifra económica que garantice el cobro de las nóminas a los jugadores cuyos clubes desciendan de categoría. Además, la LFP no ha logrado evitar que el Gobierno apruebe la reforma de la ley que a partir de ahora permitirá el descenso administrativo de los clubes en concurso de acreedores. La lucha ha dado sus frutos.

Evidentemente, una vez pasada esta huelga, restan por tratar otros muchos problemas del fútbol español. Uno de los que más urge resolver es el del pago de la deuda que los clubes arrastran tanto con Hacienda (607,36 millones de euros) como con la Seguridad Social (3,6 millones de euros). Pero más allá de asuntos puntuales, tarde o temprano también habrá que abordar cuestiones que afectan a la estructura, al modelo. Más todavía si, en un ejercicio de ruptura transitoria con el alienante consumo pasivo de espectáculos deportivos, se enfoca el tema desde la perspectiva de la construcción de una sociedad futura más justa. Entonces se tendrán que plantear, entre otras cosas, las posibles alternativas al profesionalismo o la forma y función social que deberían asumir los clubes deportivos.

***

Artículo publicado en el nº1 de la revista GRUNDmagazine. Se puede acceder a la revista pinchando aquí.

Nota: GRUNDmagazine me presenta erróneamente como “periodista” que “trabaja en GOLTV”. Quiero precisar que aunque alguna vez haya ejercido de periodista, no soy licenciado en tal carrera. Por otro lado, desde finales de octubre de 2011 ya no trabajo para Gol Televisión.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s