Efectismo Zapatero
Ahora que acaba de expirar la legislatura Zapatero, tanto la clase política como sus tribunos mediáticos se apremian a hacer balance de estos cuatro últimos años de gobierno. Con la mente puesta en las elecciones del 9-M, cada cual aprovecha la ocasión para arrimar el ascua a su sardina. Estamos en precampaña y hay que vender el humo del brasero a las masas pasivas para así atraerlas al gran festín cuatrienal de la democracia.
Desde aquella noche primaveral de puños izados (rosa en mano), de no-nos-falles y de secuestro de la espontaneidad republicana de algún despistado, la estrategia política que ha seguido el gobierno socialista ha estado condicionada por un meticuloso cálculo de su repercusión mediática. Los tiempos, las palabras y el tono, todo ha estado orientado a conmover al electorado más emocional y, cuanto menos, no dejar indiferente al más racional.
De esta forma, un domingo de abril, a la hora a la que casi toda España se debatía entre la siesta y el café, un recién investido presidente con cara de susto hacía pública la orden de retirar las tropas españolas de Irak. Esta comparecencia pública en un día festivo llevaba implícito un gran poder de conmoción sobre una población hastiada por el despotismo del gobierno anterior. Con este anuncio, Zapatero no dejó indiferente a nadie y lanzó un mensaje claro a los españoles: he empezado trabajando fuerte y materializando la consigna que hace un año unió al 90% de la población, el NO A LA GUERRA.
Tan sólo dos meses después, y aun en vísperas de fechas secas, el Gobierno socialista derogó el Plan Hidrográfico Nacional dando al traste con un proyecto insignia del PP , el trasvase Ebro-Segura. Esta medida supuso otro golpe de ‘efecto Zapatero’ con el que el nuevo ejecutivo reforzaba su compromiso con su programa electoral al tiempo que desacreditaba la línea política del gobierno de la anterior legislatura. Sin duda alguna, la sensación que se daba a la población era de ruptura con el pasado, de cambio tranquilo pero cambio.
Esta estrategia permitió a Zapatero ganarse la confianza de la mayoría de los españoles, que a finales de 2004 lo valoraba positivamente. Con la opinión pública en el bolsillo, el PSOE aprovechó el referéndum del Tratado Constitucional Europeo para exhibir su vocación europeísta frente a la línea atlantista seguida por el PP. Con ello los socialistas consiguieron, por un lado, desvirtuar el debate real sobre el contenido del Tratado, y por otro, acomplejar al principal partido de la oposición, que aunque veía con buenos ojos el Tratado, era consciente de que el voto afirmativo suponía un respaldo a la política exterior de Zapatero.
Una vez ganado el referéndum del Tratado por goleada, el PSOE puso en marcha su particular y ambiciosa ’segunda transición’ mediante la cual pretendía modificar las relaciones entre el Estado y algunas Comunidades Autónomas por medio de la aprobación de nuevos estatutos de autonomía. Así, en 2005 comenzó un eterno debate sobre el Estatut de Catalunya que erosionó la imagen del gobierno Zapatero. Esto se tradujo en un vuelco en las encuestas que ahora situaban al PP por delante del PSOE en intención de voto. El entuerto se resolvió con un pacto PSOE-CiU que, aunque dio carpetazo al Estatut, levantó ampollas en el gobierno catalán comandado por el PSC. Se desvistió a un santo catalán para vestir a otro estatal.
En medio de la trifulca estatutaria, ETA declaró un alto el fuego permanente. Zapatero, consciente de la oportunidad que le brindaba la Historia, reconfiguró el plantel de ministros designando al más hábil de sus fontaneros, Rubalcaba, como Ministro de Interior y máximo responsable del Gobierno en la gestión del proceso de paz. Así las cosas, la posibilidad del fin definitivo de la violencia etarra alimentó las ilusiones de gran parte de la población que, conforme pasaron las semanas en paz, volvió a depositar su confianza en Zapatero. Fueron momentos tan dulces como tensos para el Gobierno socialista: de un lado, la posibilidad de lograr la paz se convertiría en una credencial electoral, de otro, el fracaso de las negociaciones sería difícil de explicar a la población ante la arremetida de la derecha.
La tibieza política de los socialistas provocó que a mediados de verano de 2006 el proceso de paz diese síntomas de estancamiento. Pero fue el macabro instinto de supervivencia de la banda de delincuentes ETA el que hizo estallar las esperanzas de paz la ciudadanía un día antes de fin de año de 2006. Dos muertos, final del proceso, duro golpe al gobierno y júbilo maquillado en el PP.
En el transcurso del invierno y de la primavera de 2007, el Gobierno socialista resistió las envestidas más feroces del PP, que calificaba a Zapatero de traidor de las víctimas del terrorismo por haber mantenido conversaciones con ETA durante el alto el fuego permanente. Las críticas al Ejecutivo culminaron en el Debate sobre el Estado de la Nación, cuando Mariano Rajoy pidió la convocatoria de elecciones anticipadas. Lejos de amilanarse, Zapatero respondió al PP un día después de la finalización del Debate con una remodelación de su Gobierno que afectó a cuatro ministerios. Además, en esos mismos días, el ejecutivo aprovechó para lanzar una propuesta que abrió la precampaña electoral y dejó en fuera de juego al principal partido de la oposición: el llamado ‘cheque bebé’.
Desde septiembre a esta parte, el Gobierno nos ha servido sus propuestas adornadas por un castillo de fuegos de artificio progre orientado a cautivar a las masas. Con un estilo recuperado de la casposa campaña propagandística del Ministerio de Trabajo que encabezó Zaplana, el Ejecutivo socialista ha taladrado a diario tanto el oído del pueblo como las arcas públicas con la promoción de su gestión en la Administración del Estado. Aun hoy, una voz en off de tono grave y paternal pronuncia la célebre sentencia a modo de epílogo que sienta cátedra: ‘Gobierno de España’. Lástima que el traspiés socialista en los socavones de las obras del AVE en Barcelona no haya merecido un anuncio de asunción de responsabilidades firmado con la recurrente muletilla.
La renta de emancipación promovida el Ministerio de Vivienda ha sido una de las medidas mediáticas estrella de la última etapa de la legislatura. Al margen de los problemas personales que pueda solucionar esta ayuda de 210 € que ofrece el Gobierno, la puesta en marcha de la renta de emancipación a tres meses de las elecciones ha supuesto otro golpe de efecto del PSOE para ganarse la simpatía del sector de población beneficiario: los jóvenes.
Pero lo último ha sido el inicio de los trámites judiciales para evitar que se presenten candidaturas abertzales a las próximas elecciones de marzo. El proceso bautizado como ‘ilegalización express’ de Acción Nacionalista Vasca (ANV) y del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) simboliza el propósito de enmienda de Zapatero tras reconocer que se equivocó al confiar en el proceso de paz.
Aunque el juicio sobre la bondad de fondo de las leyes, decretos y directivas mencionadas es una cuestión subjetiva, lo que no tiene discusión es que la forma en que el Gobierno PSOE ha obrado políticamente durante toda la legislatura ha estado determinada por criterios efectistas. La política pedagógica ha cedido terreno frente a la política mediática, mucho más efectiva por su poder conmovedor. Con este panorama, habrá que asegurarse mantener la cabeza fría para no caer en el engaño emocional de tintes populistas que ofrece la socialdemocracia descafeinada con su ‘efectismo Zapatero’.

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