El vertedero

By manuelmazon

 

No es casual que los últimos escándalos de corrupción y tráfico de influencias en el Ayuntamiento de Orihuela hayan salido a la luz pública tras un sospechoso proceso de adjudicación del servicio de recogida de basuras. Es un tema éste, el de las basuras, que en los últimos años ha provocado tantos quebraderos de cabeza al gobierno municipal como controversia social entre los oriolanos.

Hasta hace poco el “gran affaire” era el que comenzó en 1995 con la polémica concesión de la licencia de construcción de un vertedero en Torremendo a la mercantil Proambiente, propiedad de Ángel Fenoll, afín al PP. La lucha emprendida por un nutrido grupo de ciudadanos de la pedanía que se oponían al proyecto dio sus frutos en enero, cuando el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana falló anulando la licencia por irregularidades en los informes técnicos que sirvieron para su aprobación. Esta sentencia supuso un duro revés para los intereses de Fenoll y dejó la credibilidad del gobierno municipal por los suelos.

Pero si el inicio del año les deparó desdichas, éstas son nimiedades comparadas con las que iba a deparar el mes de marzo. La previsible adjudicación del servicio de recogida de basuras a Urbaser (filial de ACS) picó los ánimos de Fenoll, que a través de Colsur SL gestionaba esos servicios desde 1987. Éste, sabedor de que los concursos en Orihuela se suelen ganar por medio del tráfico de influencias, puso el anzuelo y acabó picando el menos listo. Pero se guardó el tirón del sedal para el momento justo.

Hacía una semana y media de la petición del fiscal Briones de apertura de diligencias por la denuncia de una treintena de supuestos delitos contables y urbanísticos en el Ayuntamiento de Orihuela. Y sólo hacía dos días de que la mesa de contratación del Ayuntamiento calificase a Urbaser en primer lugar y a Colsur en tercero. Era la hora de Fenoll, así que éste no dudó en pegar el tirón y sacar a luz pública una conversación con Jesús Ferrández (Centro Liberal) en la que se ponía de manifiesto la podredumbre que inunda las instituciones municipales. Por la boca murió el pez y con él muchos de los del banco. Así que ahora el olor a podrido es tal que cuando paseamos por la plaza de las Salesas dudamos si el angustioso hedor que inunda el ambiente procede del mugriento lodazal Segura o de la casa consistorial.

El escándalo ha salido a la luz pública, pero desgraciadamente ha tenido que ser por la denuncia interesada de Fenoll, lo que da muestra de lo poco que importamos los oriolanos a los ediles municipales y a los empresarios de turno, que sólo mueven ficha si obtienen beneficio a cuenta de las arcas públicas.

La situación es grave, muy grave: el gobierno municipal no gobierna, lo hace en su lugar el tráfico de influencias; Centro Liberal hace una oposición camaleónica cuando la hace y está salpicado por la corrupción; el PSOE anda metido en disputas internas movidas por intereses personales que le impiden plantear una alternativa al despotismo que ejerce el PP; por su parte, Los Verdes (ahora se han cambiado el nombre) hacen lo que pueden que es poco por la soledad en que se encuentran. Pero pese a lo triste del panorama, no hemos de desistir. Es más, es necesario pasar a la acción.

Creo que es el momento de reivindicar una política municipal radicalmente democrática, participativa e independiente de los grandes poderes económicos, que nazca de las necesidades del pueblo y repercuta directamente sobre el beneficio general. Para llevar a cabo este saneamiento el primer paso es afrontar un proceso de renovación profunda del consistorio que pasa ineludiblemente por la disolución inmediata de la corporación municipal.

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