El pasado jueves 26 de marzo, poco más de una semana después del miércoles negro, la Coordinadora d’Assablees d’Estudiants (CAE) y el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC) convocaron una huelga de universidades en protesta por la represión policial contra el movimiento estudiantil en Barcelona. La jornada de movilización culminó con una manifestación vespertina abierta a la participación de los movimientos sociales y a la población civil barcelonesa.
Aunque la huelga tuvo un seguimiento desigual en las distintas universidades y facultades del área metropolitana, la multitudinaria asistencia a la manifestación (entre 10000 y 20000 personas) sirvió para resarcir al movimiento estudiantil y para poner en evidencia a los tribunos mediáticos y políticos que seguían tachándolo de minoritario y marginal.
La manifestación fue impecable. En contra de lo que predecían agoreros como el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, no hubo disturbios ni en Ramblas ni en Plaça Catalunya, ni en Plaça Sant Jaume. Y todo gracias a una organización cuidada al detalle por parte de los organizadores: se prohibieron las banderas, las capuchas y los pasamontañas y se hizo un llamamiento a la movilización pacífica, libro en mano. Además se estudió un recorrido alternativo al previsible para evitar encuentros indeseables con la policía.
Después de que el Ayuntamiento vallase el acceso a las Ramblas y los Mossos d’Esquadra desplegasen a todo un ejército de antidisturbios en el centro de la ciudad (según se dice, tal era la paranoia de los Mossos d’Esquedra después de lo que se vio el miércoles negro que el jueves 26 alquilaron todas las habitaciones de un hotel en el carrer Pelai para evitar que la manifestación fuese grabada por los medios), la cabecera de la manifestación, de forma inesperada dio la vuelta, y en vez de salir por el carrer Pelai, partió de Plaça Universitat rumbo al carrer Aribau. En un momento, el desproporcionado dispositivo policial quedó inútil, de modo que cientos de Mossos d’Esquadra adiestrados para repetir la escabechina del miércoles negro tuvieron que resignarse a contemplar cómo los manifestantes les daban la espalda.
Los marcha avanzó por las calles del Eixample Esquerra en dirección a Sants, haciendo un alto en el camino frente a la sede de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), en el carrer Calabria. Allí se leyó un manifiesto en el que se responsabilizó al Conseller d’Innovació, Universitat i Empresa, Josep Huguet, de la progresiva mercantilización de la universidad pública en el contexto del Proceso de Bolonia.
A lo largo del trayecto los manifestantes acogieron calurosamente las muestras de solidaridad de muchos vecinos que, al paso de la muchedumbre, salían al balcón aplaudiendo o haciendo ruido con cacerolas. Por su parte, los Mossos d’Esquadra se limitaron a seguir el éxito de la marcha desde la lejanía…
Finalmente la manifestación desembocó en la plaça d’Osca, donde las asociaciones de vecinos del barrio de Sants habían puesto a disposición de los organizadores una pequeña plataforma de madera y un equipo de sonido. Con la plaza y sus accesos abarrotados de gente, se procedió a la lectura de un manifiesto de repulsa de la violencia policial y en defensa de la universidad pública. Tras los aplausos, y en medio de un ambiente festivo, la manifestación se dio por concluida. Toda una lección para los Mossos d’Esquadra y para el Govern.